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Escrito por Alex David
Jueves, 07 de Abril de 2011 16:20 |
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A tres años de su liberación, habla uno de los "inocentes tras las rejas" |
Durante años lo que más añoró fue regresar a la libertad, hacer lo que quisiera y vivir una vida de paz. La tenacidad de un abogado, el respaldo de su familia y la constante denuncia de el Regional que se hizo eco en otros medios de comunicación lograron probar que nunca cometió el asesinato que se le achacaba y al igual que otros de sus compañeros, que fueron implicados injustamente en dos asesinatos que no cometieron.
Su vida, que había sido arrastrada a los fríos muros de una celda por cerca de una década, volvió a vivir una experiencia inolvidable cuando cruzó por los portones del Complejo Carcelario de Guayama con la intención de no regresar. Su padre, don Héctor Merced no cesaba de llorar y el resto de sus familiares celebraron el momento y no era para menos, un hijo era recuperado de una muerte en vida a la que fue sentenciado ante el afán descontrolado del sistema judicial que navegaba en aguas turbulentas generadas por el eslógan comprometedor del Gobierno de entonces de golpear con “una mano dura contra el crimen” y resolver crímenes a como de lugar.
Héctor Merced Gómez volvió a respirar el aire de los libres pero tres años han pasado y el largo tiempo de encierro no fue en vano. Ser un hombre libre en un mundo competitivo tras diez años de cárcel no es fácil como él mismo lo relató en este, primero de una serie de reportajes sobre la actualidad de los que el Regional bautizó en su momento como “Libres tras las Rejas”.
-A tres años de su liberación, cuéntame, ¿qué ha sido de su vida?
“Desde que salí he estado ayudando a mi má en el carrito de hot dogs que tiene en la (escuela) Cautiño y eso y trabajando en construcción y nada, tratando de sobrevivir. Recibo el Seguro Social. Lamentablemente después que sucedieron los hechos yo me enfermé de los nervios y recibo el chequecito del Seguro Social y así me bandeo”
- ¿Ha sido difícil reacoplarse a la sociedad?
“Al principio tuve como que dos depresiones bien fuertes que me azotaron que hasta intenté quitarme la vida cuando salí otra vez pero gracias a los médicos y a los medicamentos que me estaban dando pues me fui sintiendo mejor. Gracias a Dios estoy tomando las dosis más bajitas y me siento bien”
Merced Gómez reconoció que aún vive con su madre en el barrio Olimpo y en ocasiones se queda con sus padres a la vez que reconoció que ve poco a sus ex compañeros de prisión.
“Veo de vez en cuando a Carmelo, es amigo mío y su papá también. Es con el que más me familiarizo”
-¿Qué fue lo que le causó ese estado depresivo?
“Yo creo que fue el salir de las cuatro paredes que estuve por diez años, al salir de estar viviendo en un cuarto... y de repente te invitan a salir pa’ Florida, pa’ Disney que es un mundo grandísimo y aparte, yo creo que para mí, después que uno sale de preso... todo el mundo diría que no, pero yo creo que en lugar de salir para la casa de uno como tal, debería haber otro programa que uno se meta y que se vaya integrando poco a poco a la sociedad hasta que uno salga al hogar y uno establezca una relación mejor con la libre comunidad... es como un impacto, es algo bien grande, uno sabe que está ahí pero con tanto medicamento que le dan a uno; uno se pregunta ¿y qué hago ahora? y es como que uno se vuelve a encerrar hasta que se va acostumbrando poco a poco.
- ¿Cuando pasa frente a la Correccional, le da algún sentimiento?
“En sí, ya no me da... yo paso un montón de veces por ahí con mi papá para ir a San Juan”. Recalcó que piensa mucho en sus ex compañeros de celda a los que envía saludos. También afirmó tener muchos amigos en el Tribunal por lo que tampoco le traumatiza visitar el recinto de justicia.
-¿Cómo está su salud al día de hoy?
“Pues para sorpresa de muchos, de tres potes (de medicamentos) que me tomaba ya solo me tomo uno y a veces ni tomo porque no me hacen falta de lo bien que me siento. Parece que la misma encerrona de la cárcel la que me condujo a mí a beber tantos medicamentos controlados y a estar como en una nube, espaciado siempre en los módulos. Gracias a Dios el mucho caminar, ir al río, a la playa, con mi papá a conciertos de salsa que a él le gusta mucho, es algo que me despeja la mente...”
-Héctor, ¿guarda algún rencor contra algo o alguien?
“...Ellos (familiares de los asesinados por los que se le inculpó) deben estar pensando que yo no hice nada de eso porque si yo lo hubiera hecho a lo mejor ya estuviera por allá espacharrado porque la gente en la calle se lo iba a decir a ellos. Yo no les guardo rencor y yo los entiendo porque sufrir la pérdida de un ser querido que fue el primo mío, hijo de ellos pero hubo muchas confusiones en las que yo estuve enredado en todo eso. Yo había llegado recién de Estados Unidos cuando todo eso y él estaba vivo y como empecé a salir con él pues a lo mejor la mamá pensó que yo sabía algo y no quería decir nada...”
-¿Odia el sistema o tienes algún rencor contra los que lo involucraron, policías o funcionarios?
“Yo creo que esos son los sinvergüenzas, son los que tienen que pagar de verdad porque ellos saben que tienen que hacer un estudio bueno... y cuando estén comiendo no les caiga mal al saber que tienen un caso fabricado. No los odio ni nada pero algo tienen que pagar. La divina justicia de papá Dios tiene que obrar sobre ellos”
- ¿Qué hay de Zoé Díaz Laboy, la testigo que usaron en su contra?
“Si la veo por la calle, ni la miro porque es como si le tuviera un poco de temor porque no me conocía. Cómo una muchacha se va a prestar a algo así si la vida es corta...”
- ¿Se puede recuperar por completo de una experiencia así?
“Claro que sí. Hay que tener la mente bien fuerte y ser bien valiente en la vida, olvidarte de las cosas que han pasado y seguir hacia adelante, recibir mucho apoyo de tu familia y muchas caricias, muchos chistes, de vez en cuando una cervecita para olvidarte de las cosas que han pasado y las amarguras. Pero creo que sí, que se puede... uno nunca se olvida pero uno puede poner punto y fin. Es como si hubiera hecho un mes porque no tuve pérdidas, ni papi ni mami, ni mi hermano fallecieron, ni mi hija así que no tuve un motivo para estar en depresión”.
Merced Gómez concluyó asegurando que no ha tenido problemas de adicción a drogas y que se ha mantenido visitando la iglesia junto a su progenitora al tiempo que aseguró que se siente más fuerte para orientar a otros a no vivir una experiencia como la suya.
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